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Enviado el: jueves, 26 de abril de 2007 23:04
Para: ecleSALia
Asunto: El octavo

A la editorial El Almendro están llegando peticiones desde Argentina del libro de Juan Luis Herrero “Religión sin magia” . Pueden enviarlo a quien se lo pide, pero cuesta 25 euros de gastos de envío. Para ahorrar costes es mejor pedirlo a una librería religiosa de Argentina y que esta lo solicite a la editorial. Hay una empresa que lleva todos los meses en un contenedor libros de todas las editoriales españolas. Para más información: ediciones@elalmendro.org

AÑO VII /  8.545 ejemplares
ISSN: 1579-6345
ecleSALia 26 de abril de 2007
 
 

TRADICION INQUISITORIAL Y OCTAVO MANDAMIENTO

A propósito de la parroquia de Entrevías

JUAN MASIÁ CLAVEL, jesuita

MADRID.

 

ECLESALIA, 26/04/07.- Uno de los mayores problemas de la iglesia española, que afecta tanto a dirigentes eclesiásticos como a movimientos caracterizados por su presunta “fidelidad ortodoxa”, es el olvido del octavo mandamiento. Personas muy obsesionadas con el “no fornicar” del sexto mandamiento, parecen ignorar por completo el “no mentir”, “no difamar”, “no calumniar”, “no denunciar maliciosamente” etc., del octavo mandamiento.

Mi primera reacción al enterarme del “caso san Carlos Borromeo” fue decir: “de Roma viene lo que a Roma va”. Mi primer comentario fue: “En vez de cerrar esa parroquia deberían cerrar los despachos inquisitoriales, ciertos programas de radio financiados por la iglesia o las páginas insultantes de internet redactadas por la ultraderecha pseudocatólica”.

He contado en varias ocasiones un episodio de mis días de joven militante de Acción Católica en la década de los cincuenta. Un falso celo sugería publicar en el boletín una carta panfletaria para “hacernos oír” como cristianos, con peligro de caer en el fanatismo. Pero el consiliario era sensato y avisó contra el exceso: “Si lo que escribís es falso, se llama calumnia, y si es verdad, difamación. En cualquier caso, infringe el octavo mandamiento”. La carta no se publicó. Cinco décadas después, hay que seguir agradeciendo el consejo de aquel consiliario.

A quienes hablaron y siguen hablando contra la pastoral de la citada parroquia, hay que decirles: “Dejad de acusar. No juzguéis y no seréis juzgados. Antes de recibir la comunión en vuestra iglesia escrupulosamente ritualista, releed la carta de Santiago (Santiago 3, 1-10) y pedid perdón por los pecados contra el octavo mandamiento”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 
 
 
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