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Obra de Teatro: Padre Carlos “el rey pescador”
12.02.19.- Carlos Francisco Sergio Mugica Echague nace en el seno de una familia acomodada en 1930 en la Argentina del golpe de Estado a Irigoyen. Desde chico su vocación entra en disputa de ser futbolista o sacerdote. Se transforma en un referente importante de la organización Social y organizador de lo que hoy se conoce como La Villa 31. Perseguido por la Curia conservadora y por la derecha argentina, sigue trabajando a bien de los más necesitados, generando centros de abastecimiento de las necesidades básicas en los mismos barrios. Negado por los representantes de las clases altas, fue asesinado a la salida de la capilla de San Francisco Solano, después de dar misa, acribillado por Almirón una mano derecha de José López Rega, uno de los fundadores de la agrupación llamada triple A.
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C.P. SAN CARLOS BORROMEO
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Quiénes somos

La Parroquia de San Carlos Borromeo está situada en el barrio madrileño de Entrevías (Vallecas). En este lugar y desde hace más de 25 años, un grupo de personas ha intentado poner en práctica el mensaje evangélico de Jesús. Hemos querido hacer de nuestro grupo un espacio de acogimiento e integración, a jóvenes en dificultades, víctimas de las drogas, a sus familias, a los presos, inmigrante y en general a seres humanos a los que nuestra sociedad excluye.

En San Carlos Borromeo cada vez somos más las personas que entramos y nos quedamos. Pero no nos quedamos para crecer, fortificarnos y regodearnos de los bien que se está “aquí”. Huimos de esa concepción muy habitual en grupos y colectivos que ya denuncia el Evangelio de Jesús “hagamos tres tiendas”. Después de muchos años de andadura juntos hemos ido descubriendo lo que uno de nosotros escribió hace tres años: los que hemos salido de la Parroquia de Entrevías, hemos iniciado nuestro deambular por el desconocido mundo de lo marginal, o desde ahí, desde ese mundo, hemos recabado en la Parroquia, esta ha sido para nosotros una Meca, un punto de encuentro, de referencia, donde hemos ido compartiendo y aprendiendo de los que ahí estaban, de las madres, de los curas, de los chavales, de las familias, de los amigos cercanos y lejanos, de todos los que por su puerta entraban, en definitiva de los que conformaban, conformábamos La Parroquia, de todo su mundo y del mundo que giraba en torno suyo. Por eso desde esta plataforma, espacio, comunidad, asamblea (reconozcámosla como mejor nos signifique) fuimos formulando nuestra fe en las personas: la acogida incondicional como seña de identidad comunitaria. La denuncia como revulsivo frente a la generación de injusticias que nuestra sociedad vomita sin doquier. Y el Anuncio como expresión vinculante entre todos y como matrimonio indisoluble de la denuncia. Sin aquél esta será una quimera ideológica o tranquilizadora. Así San Carlos Borromeo se va conformando no por quienes estamos dentro, cuanto por todos aquellos y aquellas que son expulsados a los márgenes: presos, menores pobres, homosexuales y lesbianas, niñas y niños privados de libertad, enfermos de sida, enganchados a la droga, inmigrantes sin papeles… Estos son, y queremos que sean, los verdaderos protagonistas de esta aventura que construimos en San Carlos Borromeo, del barrio madrileño de entrevías. También otra compañera nos decía “Estos años en la parroquia de San Carlos Borromeo hemos aprendido a afrontar el riesgo de nuestra propia vida hasta el final, intentando no tener miedo, porque se puede; y sólo el miedo es lo que se opone a la fe”. Pues eso, construir espacios de fe, de no-miedo a ningún poder es lo que constituye en la concreción del día a día nuestro quehacer cotidiano.